Pequeñas obsesiones: los congelados

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Por Dalia Gutmann (@Daliagutmann)

Tengo momentos que me disparan una ansiedad atroz: Ir a comer afuera cagada de hambre y que el mozo no me vea, la chicharra de los cajeros automáticos que te dan un tiempo limitado para hacer el trámite… los alimentos congelados…
Me refiero a ese trayecto desde que saco los congelados de la heladera del super, los pongo en el changuito, sigo recorriendo el lugar, hago la cola para pagar, me olvido de llevar bolsa por vez número 764, me doy bronca por habérmela olvidado una vez más, compro bolsa, me voy para mi casa, y me desespero pensando en que los congelados pudieran llegar a descongelarse. Aparte todos sabemos que una vez que eso pasa, no pueden volver a freezer … ¿Y qué hago con las milanesas de soja, los patys, las patitas, los kani kama? Las pongo igual en el congelador o cocino todo por las dudas? ¿Me va a agarrar una indigestión y voy a tener que instalarme los próximos días en el baño? ¿Y si intoxico a mis hijos y terminamos todos internados con suero? El temita de la cadena de frío me desestabiliza un poco. Bueno, ya fue… lo guardo en el freezer. Por las dudas igual cuando lo prepare, primero voy a comerlo yo. Y si cuando pasa un día sigo vivita y colendo, se lo doy al resto. Bueno no me intoxiqué, no hubo internaciones ni cagaderas. Mis hijos pueden comerlo, parece que los congelados aguantaron bien…
En fin, cada uno con sus pequeñas obsesiones.

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